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La iglesia parroquial de San Miguel
es un edificio situado en la zona norte del pueblo, en un promontorio
destacado. En su fachada sur se aprecian tumbas medievales, que
quizá habría más antes de construirse el frontón
hecho extrayendo la piedra que hoy falta.
Románico del XII con influjos del incipiente gótico
presentes en los arcos fajones de la bóveda algo apuntados.
El ábside semicircular típico de las iglesias románicas
se suprimió en el XVIII por un crucero coronado por cúpula
al que se adoso una sacristía.
Portada sur románica con habituales arquivoltas, capiteles
con motivos muy estilizados y crismón, procedente de la puerta
oeste y que representa junto con el de Alpanseque uno de los ejemplos
escasos de crismón en la provincia.
Junto con los contrafuertes de la fachada norte y sur y los
hipotéticos canecillos con iconografía del desaparecido
ábside, vincularían la iglesia con el románico
jaqués (estilo románico de Jaca (Huesca).
Destacan del románico los canecillos algunos alífales
y otros con imágenes difíciles de identificar. En
interior, capiteles con motivos vegetales estilizados.
Del barroco es el coro, con órgano de Loytegui de
17, la cabecera con la cúpula y los cuatro evangelistas,
y los retablos, el mayor, del SVII, y laterales, de los cuales,
el del lado de San Antonio, procede de la nave central y el otro,
en su emplazamiento original tenía un altar gemelo en el
otro lado del crucero, pero al quemarse fue sustituido por el citado
de San Antonio .
El suelo hasta los años 80 estaba con baldosas
rojas atravesadas por listones de madera numerados que indicaban
sepulturas antiguas, en toda la superficie del templo,
usadas hasta 1834.
Torre campanario con 2 campanas y campanillo, que aún nos
alegran los corazones con sus soberbios sonidos, y restos apenas
perceptibles de caseta de reloj, cuyos restos están en el
museo etnológico, aunque ya mudos.
La iglesia aún en uso todo el año,
es testigo mudo de gran parte de la vida religiosa de la comunidad,
durante el nutrido calendario litúrgico de los tiempos en
los que la religión estaba tan presente en la vida pública.
Así la Semana Santa, el ciclo del Santo Cristo, la fiesta
de Difuntos, etc. Como muestra vamos a traer al recuerdo la curiosa
tradición del “pobre”, celebrada entre navidad
y los santos inocentes. Este personaje durante estos días
adquiriría tal autoridad que, rodeado de un ayuntamiento
burlesco y acompañado de su hijo capellán, subvertía
numerosas normas comunitarias, entre las cuales destacaba la costumbre
de hacer una misa burlesca en la misma iglesia.
Alberga la sacristía interesantes cajoneras con las ropas
talares, tallas policromadas que reflejan las diversas devociones
de otros tiempos y diversos objetos litúrgicos.
El retablo mayor con centro en San Miguel y parte superior con Cristo
en la cruz flanqueado por san Juan y la Virgen María.
El archivo parroquial fue incendiado por las tropas napoleónicas
en 1811 , despareciendo muchos datos sobre los libros de fábrica.
En reciente visita de autoridades de Patrimonio de Diócesis,
advirtieron el valor del retablo mayor y el órgano, y animaron
a emprender la aventura de gestionar su rehabilitación.
El mismo comentario hicieron para el niño de la Bola, seriamente
dañado por el uso en Semana Santa.
Seamos Creyentes o no, es justo reconocer el valor artístico
e histórico de este patrimonio religioso, que junto con las
ermitas y el vía crucis, nos hacen enorgullecernos y tomar
conciencia hacia su conservación.
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